¿CATEGORÍAS O LÍMITES?
¿Por qué los seres humanos sienten siempre la necesidad de categorizar cualquier cosa, asignándole un papel y limitándola a su propia definición y categoría?
Quizá sea porque solo de esta manera —es decir, categorizándolo todo— logramos dar sentido a lo que vemos y vivimos; de lo contrario, ¿sería todo un caos incomprensible? Tal vez la palabra incomprensible sea la clave de todo esto: probablemente solemos asignar una categoría y una definición a cualquier cosa porque sentimos la necesidad de comprender el lugar en el que vivimos y aquello que vemos; no conseguimos aceptar lo que no entendemos. Sin embargo, vivir dentro de estas categorías, a veces, se siente como vivir dentro de una prisión: nos sentimos limitados. Pero, al fin y al cabo, ¿es posible vivir sin categorizar y clasificar todo? Y si lo es, ¿podemos hacerlo con todo o solo con algunas cosas?
Si tomamos como ejemplo el mundo del arte: ¿Qué —o quién— establece los cánones en los que nos basamos para criticar una obra de arte? ¿Para decidir si una obra es válida o no?
Ante todo, los cánones probablemente sean distintos para cada género. En el realismo es esencial una técnica excelente, pero ¿y en el arte abstracto? Si nos quedamos con una respuesta superficial, parece que es el género en el que se cataloga la obra el que determina los cánones, las pautas y los criterios con los que analizarla. Pero ¿quién decidió y formuló estas pautas, y cómo? Como las reglas no pueden haber aparecido de la nada, alguien tuvo que redactarlas, probablemente basándose en puntos en común entre un grupo de artistas que posiblemente se influenciaron mutuamente, que tuvieron una idea, que tuvieron el valor de no respetar las normas vigentes en su época y hacer lo que querían. ¿Cuántas veces este comportamiento fue considerado erróneo al principio y solo después innovador? ¿Cuántas veces una simple idea, alejada de las convenciones de su tiempo, dio origen a un verdadero movimiento capaz de cambiar las reglas o crear otras nuevas?
Y entonces, ¿qué ocurriría si nos encontráramos ante la ausencia de estas famosas categorías? Probablemente el único criterio en el que inevitablemente nos basaríamos sería nuestro gusto personal: si una obra nos gusta (y por lo tanto es válida) o no nos gusta (y no es válida). Nos basaríamos únicamente en la sensación y la impresión que nos deja, y quizá ese sea el único criterio, la única cosa que realmente otorga importancia y valor a una obra. Porque el arte es para el ser humano, es expresión del ser humano, y si representa eso, entonces ha cumplido su propósito.
06/2026 NIMA

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